Cuando llueve con fuerza, suele ocurrir que poblaciones queden aisladas, viviendas resulten inundadas o destruidas, puentes colapsen, fallen los servicios públicos y se generen desplazamientos.
Expertos coinciden en que, aunque las precipitaciones pueden ser hoy más intensas que en el pasado debido al cambio climático, lo que las convierte en desastres es la falta de preparación.
A su juicio, muchas viviendas están construidas en zonas de alto riesgo y persisten problemas como el deterioro de drenajes, puentes y carreteras, una planificación urbana desordenada, políticas públicas poco efectivas y la ausencia de un sistema nacional de emergencia que permita anticipar y responder oportunamente a situaciones críticas.
Venezuela, además, es el único país de Sudamérica que no cuenta con un plan nacional de adaptación al cambio climático, lo que deja a la población expuesta frente a fenómenos que se vuelven cada vez más frecuentes y severos.
“No podemos seguir culpando al ambiente o a los desastres naturales”, afirmó el biólogo Alejandro Luy, director general de la Fundación Tierra Viva, en una entrevista concedida en 2023 a Radio Fe y Alegría Noticias.
“Lo que debemos hacer es prevenir, y eso implica tener un plan claro: saber qué hacer, cuándo hacerlo y con quién hacerlo”, agregó.
Al menos 52 mil desplazamientos internos
La falta de un registro sistematizado y de acceso público dificulta conocer con precisión, por ejemplo, la frecuencia de estos eventos o la cantidad de personas que desalojan sus inmuebles.
Pese a ello, el portal Mongabay reseñó que entre 2020 y 2024 el Centro de Monitoreo de Desplazamiento Interno contabilizó cerca de 52 000 desplazamientos internos en el país a causa de fenómenos climáticos extremos, principalmente inundaciones.
Tragedia de Las Tejerías
Una de las tragedias más devastadoras y recordadas de los últimos años fue el deslave de Las Tejerías, estado Aragua, ocurrido el 8 de octubre de 2022 tras el desbordamiento de la quebrada Los Patos, producto de una vaguada asociada a los remanentes del huracán Julia.
Según cifras oficiales, 54 personas fallecieron, más de 60 quedaron desaparecidas y al menos 1 400 familias quedaron sin casa.
Los testimonios de los sobrevivientes permanecen intactos en la memoria de quienes vivieron aquel fatídico día. Uno de ellos es el de José Luis Quiñones, habitante del barrio Libertador, quien se encontraba dentro de una iglesia, orando junto a otras 18 personas.
Cuando la corriente arrasó con el templo, logró aferrarse a una mata de aguacate y, desde allí, intentó desesperadamente rescatar a sus compañeros de fe estirando los brazos para ayudarlos a subir entre el barro, los escombros y el agua. Siete lograron salvarse y 12 perdieron la vida.
Delio Rivero, por su parte, lo perdió todo. Solo logró escapar con la ropa que llevaba puesta, pero consiguió salvar a su madre, lo que para él fue suficiente.
El presidente Nicolás Maduro informó en octubre de 2022 sobre la entrega 855 viviendas a través de la “Gran Misión Vivienda Venezuela” y que se estaban construyendo otras 200.
Sin embargo, para algunos vecinos, la promesa de “no dejar a nadie sin hogar” no se cumplió del todo y tampoco se concretó plenamente la recuperación del área.
En febrero de 2025, Manuel Rodríguez, presidente encargado de la Asociación de Industria y Comercio de Las Tejerías (Asoinco), aseguró que de 120 empresas que operaban antes de la tragedia, solo unas 30 seguían activas, y funcionaban apenas al 50 % de su capacidad instalada. La zona industrial, dijo, “está bastante desierta”.
Desbordamiento del río Manzanares
El 2 de julio de 2024, los coletazos del huracán Beryl aumentaron el caudal del río Manzanares, lo que derivó en una de las peores inundaciones que ha vivido la ciudad de Cumanacoa, en el estado Sucre.
Datos oficiales de la Cruz Roja y la Media Luna Roja revelaron que el 80 % de la ciudad resultó afectada. Al menos seis personas murieron, más de 31 mil quedaron damnificadas y 336 casas terminaron totalmente destruidas.
Las comunidades de La Fragua, Las Trincheras, Las Cabañas y Los Roques estuvieron entre las más golpeadas por el agua y el lodo.
Héctor Esparragoza, residente del sector La Fragua, contó a Radio Fe y Alegría Noticias que la lluvia comenzó cerca de las 11:40 p.m. del 1 de julio, pero fue pasada la 1:30 a.m. cuando la creciente del río se volvió incontrolable y obligó a muchos a salir de sus habitaciones en plena madrugada. “No nos dio tiempo de sacar nada”, recordó.
Posterior a este suceso, más de 100 personas alojadas en refugios temporales ubicados en escuelas de educación primaria denunciaron bajo confidencialidad al equipo de Mongabay que estaban en condiciones de hacinamiento.
El 9 de julio de 2024, el presidente Nicolás Maduro anunció la creación del “Proyecto Hugo Chávez, Cumanacoa Renace”, con el objetivo de ejecutar una recuperación integra de la localidad.
Meses más tarde, a finales de enero de 2025, el mandatario dijo que avanzaba la construcción de un muro de control de inundaciones de más de 200 metros de longitud para la protección hidráulica del lugar.
Por medio del Ministerio para Obras Públicas, aseguró que se habían restaurado techos e inmuebles habitacionales, rehabilitado más de 40 kilómetros de vialidad, saneado siete ríos y recuperado el servicio de telefonía en toda la región.
De acuerdo con el reportaje “Desplazados climáticos en Venezuela se reconstruyen entre los escombros del huracán Beryl”, publicado por Mongabay, al menos hasta marzo de 2025 todavía había personas en refugios, especialmente en comunidades como La Fragua y Las Trincheras.
Crecida anterior
Lo ocurrido en 2024 no fue un hecho aislado, puesto que el 23 de agosto de 2012 el paso del huracán Isaac, degradado a tormenta tropical, produjo el desbordamiento del mismo río Manzanares.
En esa ocasión, según cifras de Protección Civil y la Gobernación de Sucre, murieron dos personas y 35 familias resultaron damnificadas.
En el caserío La Peña, a unos tres kilómetros de Cumanacoa, se entregaron 15 casas, pero testimonios recabados por Mongabay expusieron que carecían de servicios básicos como agua potable, electricidad y vialidad, y muchas quedaron incompletas, sin techos ni pisos.
Impacto de las ondas tropicales este 2025
Reidy Zambrano, presidente del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inameh), estimó que entre 40 y 45 ondas tropicales podrían atravesar el territorio nacional entre el 1 de mayo y el 30 de noviembre de este año.
El pasado 1.º de junio, el funcionario también alertó sobre el inicio de la temporada de ciclones, que se extenderá hasta finales de noviembre.
La primera onda tropical del año causó el 27 de mayo la crecida de varios ríos en el estado Sucre, dejando nueve viviendas dañadas y 12 familias damnificadas en el municipio Andrés Mata.
Las localidades más afectadas fueron Río Casanay, Nueva Colombia y La Polvorosa, donde el río Nueva Colombia se desbordó, generando inundaciones que comprometieron la infraestructura de numerosas viviendas y obligaron a los habitantes a evacuar.
A inicios de junio, los aguaceros en el estado Apure hicieron que las aguas del río Arauca superaran los diques y anegaran zonas del municipio Páez, afectando a comunidades como La Victoria, Barrio Nuevo, Flor de Apure, La Esperanza, 3 de Febrero y San Francisco.
El sacerdote Edixon Pirela, de la parroquia San Francisco de Asís, reportó el 15 de junio que cerca de 2 000 familias estaban afectadas, por lo que se habilitó como refugio una casa de paso, originalmente destinada a migrantes.
No obstante, es partir del 25 de junio cuando los efectos de las lluvias se hicieron más severos, especialmente en el occidente del país.
Afectaciones en el occidente del país
Alrededor de 46 municipios de los estados Mérida, Trujillo, Portuguesa, Táchira y Barinas reportaron daños en viviendas, vialidad, servicios públicos, cosechas y ganadería, a causa de inundaciones, derrumbes y deslizamientos de tierra.
El gobernador de Barinas, Adán Chávez, notificó que el desbordamiento de caños impactó a unas 10 500 familias, cerca de 40 000 personas, por lo que se activaron 15 refugios para 700 personas y se acondicionaron espacios para la preparación de comida caliente.
Más de 1 000 personas fueron trasladadas a refugios temporales en Amazonas ante el riesgo «inminente» por la crecida del río Orinoco, dijo el gobernador Miguel Rodríguez.
El 21 de julio, el río Orinoco alcanzó 53,21 metros sobre el nivel del mar, superando en más de un metro su cuota de desborde, que es de 52,00 m. Las comunidades temen que se repita lo ocurrido en 2018, cuando el río llegó a 54,28 metros.
Por su parte, el gobernador Primitivo Cedeño dio a conocer que más de 3 800 casas quedaron comprometidas en 11 municipios, junto a 34 puentes dañados. En Monagas, hasta hace unas semanas, se contabilizaban 322 personas afectadas.
Mérida revive tragedias pasadas
En Mérida, el gobernador Arnaldo Sánchez informó que más de 24 000 familias resultaron afectadas. En la zona del Páramo, especialmente en Apartaderos, se reportaron deslizamientos de rocas y sedimentos en la carretera Trasandina, y se vieron comprometidas las cuencas de los ríos Chama, Motatán y Santo Domingo. El propio presidente Nicolás Maduro afirmó que se cayeron 25 puentes en la región.
En respuesta, el Ministerio de Vivienda y Hábitat asignó cinco apartamentos que habían quedado deshabitados a familias damnificadas en Mérida, según reportó la periodista Lorena Bornacelly.
A nivel nacional, organizaciones sociales y empresas habilitaron centros de acopio y se organizaron para enviar ayuda humanitaria a las zonas más golpeadas.
No es la primera vez que eventos de este tipo ocurren en la entidad. En febrero de 2005, una vaguada provocó grandes deslizamientos en el Valle del Mocotíes, dejando un saldo de aproximadamente 500 muertos, un centenar de heridos y cientos de damnificados, siendo este uno de los peores desastres naturales en la región.
Asimismo, 20 personas fallecieron en 2021 por inundaciones y deslaves, principalmente en el municipio Tovar. Al menos 800 viviendas resultaron con daños y 60 quedaron completamente destruidas. El entonces ministro de Interior y Justicia, Remigio Ceballos, precisó que 54 553 personas se vieron afectadas.
Cáritas Mérida habilitó en ese momento centros de acopio para ofrecer apoyo a las comunidades de El Valle de Mocotíes y El Salado. Un año después de la tragedia, el equipo de Radio Fe y Alegría Noticias constató que aún existían refugiados, una de ellos declaró que “no era fácil convivir con tantas personas de diferentes creencias, religiones y manías”.
Expertos insisten en la urgencia de actualizar la ordenación territorial, modernizar los planes urbanos y de drenaje, contar con sistemas de información geográfica que permitan actuar en tiempo real ante inundaciones o deslizamientos, levantar mapas de amenazas, fortalecer la educación ambiental, revisar el marco legal, etc.
Sin estas medidas, advierten que seguirán repitiéndose estas historias cada temporada de lluvias.
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