La investigación “Caraqueñas Enfocadas: Las chamas hablan sobre el trabajo y la vida” de la ONG Mi Convive reveló que las jóvenes de sectores populares de Caracas quieren estudiar y trabajar para apoyar a sus familias, pero se topan con obstáculos que limitan sus oportunidades de desarrollo.
La psicóloga Isabel Salaverría, coordinadora del programa Vamos Convive, presentó los resultados del estudio en el programa Háblame Bajito de Radio Fe y Alegría Noticias, y explicó que se realizó con 15 chicas de entre 15 y 19 años de las parroquias Santa Rosalía, La Vega, El Valle y Antímano del municipio Libertador.
A través de un grupo focal con guion semiestructurado, se exploraron sus aspiraciones, necesidades y las dificultades que enfrentan para insertarse en el mundo laboral y continuar sus estudios.
Título de bachiller, experiencia y empleos precarios
Salaverría indicó que, aunque todas manifestaron el deseo de insertarse en el mercado laboral, se ven frenadas por horarios que chocan con sus estudios y requisitos, como tener el título de secundaria y experiencia previa.
“En estas comunidades vulnerables desde una edad muy temprana se reconoce como el dinero tiene un impacto muy significativo en lo que tú puedes o no puedes hacer y lo necesario que es”, agregó.
Por su parte, quienes sí logran conseguir empleo es con horarios extensos o nocturnos que las exponen a riesgos de robo y violencia en la calle, sueldos muy bajos y sin días libres.
Abandono escolar, violencia y juicios
El abandono escolar es otra constante debido a múltiples razonas, entre ellas la falta de recursos económicos, la imposibilidad de acceder a herramientas tecnológicas durante la pandemia y las responsabilidades de cuidado en el hogar, como atender a hermanos menores mientras sus madres trabajan.
“Cuando intentaron retomar (los estudios), en su casa se había afianzado una dinámica en la cual ellas tenían responsabilidades en el hogar”, apuntó Salaverría.
A ello se suma que viven expuestas a la violencia en distintos espacios, desde el acoso callejero y digital hasta la violencia física y psicológica en sus hogares.
También enfrentan juicios sociales de sus familias, comunidades e incluso de otras mujeres, que critican su apariencia o decisiones personales y debilitan su autoestima.
Principales intereses
En cuanto a los intereses de formación, los jóvenes expresaron que les llama la atención los oficios vinculados a la estética, cursos de idiomas, talleres sobre salud sexual y reproductiva, y actividades enfocadas en fortalecer la autoestima.
Pese a las adversidades, Salaverría subrayó que muestran resiliencia, confianza en sí mismas y disposición a emprender.
¿Qué soluciones plantea Mi Convive?
Frente a este panorama, Mi Convive propuso abrir espacios de formación en oficios y programas de nivelación académica.
Además, plantearon capacitar a los cuidadores en perspectiva de género para redistribuir las tareas del hogar, impulsar campañas de concienciación contra el acoso y fomentar procesos educativos tanto para jóvenes como para padres y comunidades que reduzcan las barreras de acceso a oportunidades.
“La juventud en realidad sí está enfocada en las cosas importantes, pero a veces no estamos proveyendo desde las diferentes instancias y organizaciones suficientes espacios para escucharlas y para darle solución a los problemas que tienen”, advirtió Salaverría.
Finalmente, insistió en que la sociedad civil debe generar programas que mitiguen estas carencias, aunque las decisiones estructurales que se adopten a mayores niveles tendrán un impacto más profundo en la vida de las jóvenes.
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