Una Palabra Oportuna No. 1649

palabra

Oración de la mañana. Sábado 12 de marzo de 2022.

Por Herlinda Gamboa. Narra Julitze Mayurel.

Cafecito de la esperanza en camino de conversión

Señor Jesús, hoy quiero darte gracias por tus exigencias, me llevan al encuentro con la anchura y profundidad del corazón de Dios; me permiten descubrir en la oración una fuerza especial. Me hablan del “milagro del corazón”, poder amar a mis propios enemigos y hacer visible al Invisible. En el Sermón de la Montaña nos planteas retos, humanamente imposibles de cumplir, hoy el  Evangelio  nos propone algo más difícil todavía, el amor a los enemigos. Ninguna religión del mundo exige esto. ¿Por qué lo haces? El discípulo siempre está delante de un Padre maravilloso que está pendiente de todo, envía el sol “para buenos y malos”, sin distinciones, ama a todos.

El sol ilumina, calienta, embellece lo mismo las casas de los buenos como las de los malos. Y manda la lluvia lo mismo sobre el campo del labrador que siembra bendiciendo que sobre el que esparce su semilla entre maldiciones. A este Padre hay que imitar. Te necesito, me pides que perdone a mis enemigos, los ame y rece por ellos. ¿No es esto algo antinatural?. Sé que, por mis propias fuerzas, no puedo lograrlo. Te pido me ayudes, me eches una mano o mejor, las dos; sin Ti no puedo nada.

Cuando llego a perdonar al enemigo, en lo profundo del corazón se ha obrado un verdadero milagro, un Dios maravilloso que me ama y hace en mí verdaderos prodigios.  “Sed perfectos como es perfecto el Padre celestial”, es la tarea, imitar al Padre en la perfección del amor. Él hace todo por perdonar a todos. En nuestro café contemplamos la ternura con la que recibes a Judas en el huerto de los Olivos, cuando los discípulos pensaban en la venganza.

La oración hace milagros; y esto vale no sólo cuando tenemos enemigos; también si percibimos antipatía o alguna pequeña enemistad. El amor a los enemigos nos empobrece. Perdonar es el camino que recorriste, hasta conquistar la gracia que nos hace ricos.

Danos tu amor y gracia que eso nos basta. Amén. PAZ Y BIEN.

Con tu presencia Señor, saldremos fortalecidos.