«Acabaron con las Salinas de Araya» (multimedia)

Fotos: Joanne Jesús González

Irvin Carreño se levanta a las dos de la madrugada, carga un pico en su espalda y se va a la orilla del mar. No desayuna, cuando sale el sol ya lleva, por lo menos, cuatro horas sacando sal. Una empresa le ofreció siete dólares por tonelada. Ya pasó la primera semana y todavía no ha visto el pago.

La sal a granel es extraída desde hace más de un siglo en las costas del municipio Cruz Salmerón Acosta, del estado Sucre. Este proceso que inició de forma manual por los pobladores de la península de Araya, se industrializó en 1915 con el gobierno de Juan Vicente Gómez, y se convirtió en la mayor fuente de empleo de los arayeros.

Entre 1970 y 2015, la sal que era producida en Araya no solo abastecía al mercado interno del país, sino que llegaban embarcaciones al muelle de la empresa y cargaban hasta 35.000 toneladas para llevarlas a naciones como Canadá, EEUU y Guyana.

En la época de la conquista y la colonia, barcos holandeses atracaban en los puertos y cargaban sal por toneladas, escribe el cronista Clemente Balladares Castillo para la sociedad de Ciencias Naturales de La Salle. 

Históricamente las ganancias generadas por las ventas del mineral beneficiaban a los trabajadores y a los habitantes de la península de Araya. A través del aporte social realizado por las empresas encargadas del negocio se construyó el liceo de Araya, surgió el barrio Ensal, se dotaban de medicinas y equipos al Hospital y a los dispensarios de la región.  

En la actualidad, los recursos generados por la explotación de la sal solo benefician a un pequeño grupo de personas que viven muy lejos de estas tierras. Asegura un grupo de  trabajadores que no saben para quién laboran, debido al cambio de nombre que recibe constantemente esta compañía.

Junto a Irvin hay otras 35 personas que todos los días sacan entre 18, 20 o 30 toneladas de sal, que luego los dueños de la empresa llevan a la refinería. Todos trabajan con pico y pala, en chancletas, sin cascos ni seguro médico. A veces, dice Irvin, tienen que salir a las 12 de la noche para extraer uno o dos sacos de sal y venderlos en tres o cuatro millones de bolívares por su cuenta, para poder llevar comida a sus casas. 

“Nos llevan presos por un saco de sal”, asegura. 

Irvin Carreño.

¿Qué es la salina?

Es una zona del estado Sucre en la que existe la Laguna madre, de ahí se saca sal natural, se conoce como la unidad 1. La unidad 2 es la de separación, antes era para producir la sal de forma artificial. A unos dos kilómetros, cruzando el centro de Araya, están la unidad 3 para elaborar la sal de consumo humano y la unidad 4, conocida también como la molienda, donde se elaboraba salazón y sal de consumo animal. También se encuentra el muelle por donde cargaban la mercancía los barcos . 

¿Quién administra la explotación de sal?

Gregory Rivero, obrero de las salinas, recordó que la explotación de la sal pasó a manos de la Gobernación de Sucre en 1995, quien ese mismo año otorgó una concesión a Tecnosal, la cual creó la empresa Salinas de Araya C.A. Posteriormente, en 2001, la administración de las salinas la realizó el Servicio Autónomo de Araya (Sacosal), y en 2009 pasó a Pdvsa, que creó la Empresa Nacional de Araya (Enasal).

El trabajador puntualizó que con cada cambio de nombre se iba bajando la producción y los beneficios a los trabajadores. “En los últimos cinco años solo hemos recibido promesas y más promesas”, dijo.  

¿Alianza destructora?

En marzo de 2020, “un nuevo cambio”, la gobernación de Sucre a través de la Corporación Socialista de Desarrollo del estado Sucre (CorpoSucre), entregó la concesión a la empresa Alimentos San Ignacio para que se encargara de la explotación de la sal en las salinas de Araya. Los trabajadores aseguran que desde ese mismo año la producción de sal para el consumo humano se encuentra paralizada, y más del 90% de este complejo salinero, que en 1998 alcanzó una producción de 441.000 toneladas, está en ruinas. 

Los obreros y empleados afirman que viven en miseria y no son dotados de uniformes, ni equipos de bioseguridad para laborar en medio de la pandemia. Además, denuncian que en los dos últimos meses trabajadores de CorpoSucre están picando con equipos de corte partes de las máquinas para luego venderlas como Chatarra.

“Desvalijaron cuatro payloaders, montacargas, jumbor y camiones volteos. Equipos que eran recuperables, pero lamentablemente por falta de inversión no se repararon”, expresó Oscar Patiño, un obrero, advirtió  que se perdieron los rollos de plásticos para empaquetar sal con la identificación de la empresa. «Acabaron con las Salinas de Araya»

Richard Castillejo, vocero del Sindicato que agrupa a estos obreros, explicó que cuando se firmó la alianza estaba activa la unidad 3. En este lugar  se empacaba sal para consumo humano de un kilo y sacos de 25 kilos de sal refinada, refinada extrafina y refinada gruesa.

Además, funcionaba la unidad 4 conocida como La Molienda, en donde se producían sacos de sal de 25 o 50 kilos de salazón y sal industrial de granos gruesos. “Se comprometieron a realizar una inversión para mejorar y lo que hicieron fue paralizar la producción”. 

Igualmente, Arnaldo Salazar señaló que desde inicio de 2020, cuando esta compañía tomó la administración, solo se están procesando unas 200 toneladas de sal en bruto diariamente en la unidad 1, de la Laguna Madre.

El trabajador consideró que es un total fracaso la alianza entre San Ignacio y CorpoSucre. En condiciones óptimas la empresa podría procesar 450 mil toneladas de sal por año. Hoy no los produce y no hay certeza de cuánto se produce. 

“Hay un yacimiento de 300 mil toneladas, lo que llaman piso salino. Se está sacando sal a pico y pala, como no se hacía desde 1970 cuando se industrializó esto”, reflexiona el trabajador.

Robos y falta de inversión

Otro trabajador, que solicitó el resguardo de su nombre  para evitar represalias en su contra,  advirtió que la empresa se está cayendo a pedazos y se encuentra en total ruina. Los equipos están oxidados e inservibles. “La unidad de lavado, la laguna madre, en donde se procesaban dos mil toneladas diariamente, también está inoperativa. Ahorita no se lavan ni trescientas toneladas al día”, contó.

Detalló que debido a la falta de vigilancia ha habido una serie de robos que, unidos al deterioro y a la falta de mantenimiento de las máquinas, se dejó de producir la sal -para el consumo humano e industrial- que era comercializada en el mercado nacional.

“Se robaron el cable de energía eléctrica y el arranque del montacargas. Después, se llevaron parte de la máquina cosedora que se encargaba de coser los sacos, y luego la cinta transportadora del material”, dijo.

“¿Quién se está robando los equipos de aquí?», se preguntó este hombre. 

Mueren sin recibir prestaciones

El presidente de la Asociación de Pensionados de los trabajadores de las salinas, Aníbal Núñez,  informó que 23 personas han fallecido esperando el pago de sus prestaciones sociales. Especificó que la empresa jubiló en 2008 a 77 trabajadores, de este grupo fallecieron 20 y de los últimos 154 jubilados en 2020 murieron tres.

Núñez informó que la gobernación de Sucre es la que debe hacer el pago de estos pasivos laborales, debido a que desde 1995 están manejando el negocio. En los últimos 26 años la gobernación de esta entidad ha administrado de forma directa o indirecta la explotación del mineral en Araya.

El vocero de los extrabajadores, indicó que en una mesa de negociación con Hugo Cabezas, representante de la empresa Alimentos San Ignacio, se lograron beneficios para estos abuelos, con los cuales están comprando algo de medicinas y alimentos.

“Cabeza es un hombre humanista. Desde el año pasado, los jubilados reciben un sueldo igual al de los trabajadores activos. Además, un bono equivalente a unos  diez dólares mensuales”, expresó Núñez, quien recordó que entre los años 1970 y 1980 los trabajadores de las salinas gozaban de un contrato colectivo que junto a los de la Siderúrgica del Orinoco (Sidor)  eran los mejores  pagados de Venezuela.

Asamblea Nacional investiga las salinas

El diputado del estado Sucre ante la Asamblea Nacional (AN), Erick Mago, quien pertenece a la comisión de contraloría del parlamento, el pasado 16 de junio se reunió con los trabajadores de las salinas para obtener datos con el fin de alimentar un informe para presentarlo ante sus colegas parlamentarios.

“Es notorio que no hay ningún tipo de inversión”, dijo Mago, explicó que esta compañía debió presentar un plan de inversión al Estado. “Si tenemos un país bloqueado y un conflicto económico debemos activar el aparato productivo. No se entiende como se hace una alianza estratégica con la empresa privada y hasta ahora no se ha realizado ningún tipo de inversión”, agregó.

Luego de la visita de Mago a la península, William García,  representante  de  Alimentos San Ignacio, el pasado lunes 28 de junio, contrató unos 60 hombres de las comunidades de Araya que se activaron con la explotación manual de la sal; con picos, palas y carretillas en las orillas de la laguna madre.

“Hemos retrocedido más de 40 años en el tiempo. Una vez que extraigan esa sal y se vaya esta gente vamos a quedar en ruinas”, exclamó Ángel Núñez, un trabajador activo.

Núñez culpó a la gobernación de Sucre y al Sr. Hugo Cabezas de esta debacle en la que se encuentran las salinas de Araya. Explicó que una vez que se termine esta sal, no hay forma de volver a cosechar en la laguna madre porque las plantas de bombeo de agua de mar, que son indispensables en este proceso, están inoperativas.

Mientras la Asamblea Nacional finaliza su investigación y CorpoSucre junto a la empresa Alimentos San Ignacio buscan estrategias para elevar la producción y seguir con la explotación de la sal, los trabajadores de las salinas de Araya y sus familiares están enfermos, pasando hambre, viviendo momentos muy duros y algunos mueren sin recibir sus prestaciones sociales, como lo establecen las leyes venezolanas.

Mientras que la burocracia investiga, Irvin Carreño sigue ahí, en chancletas, sin casco sacando sal con un pico, como si estuviéramos en la época de la conquista y él fuera un esclavo.