Las claves del fracaso de la selección absoluta de baloncesto que se quedó sin mundial

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La última ventana de clasificación al mundial de Baloncesto FIBA fue el mércoles 9 de junio en donde Venezuela cayó 102-86, quedando fuera de la gran cita mundialista.

Venezuela quedó por detrás de Brasil, primero del grupo; Colombia y Chile segundo y tercero respectivamente.

En los partidos contra Brasil y Colombia pesó los efectos emocionales de la tragedia nacional del 24 de junio: cinco jugadores se retiraron de la convocatoria por razones relacionadas es este hecho.

Nivel de competencia muy bajo

Hay varios elementos que hay que considerar luego de esta debacle de una selección que ya estaba acostumbrada a clasificar y competir contra los mejores del planeta.

Evidentemente esta “colapso” tiene que ver con el bajo nivel de rendimiento del equipo, no solo en el último juego sino durante todo el proceso eliminatorio.

Las cifras no engañan: Venezuela dejó un record de una victoria y cinco derrotas lo que refleja la falta de competividad del conjunto nacional.

Las claves

El relevo generacional ha tardado demasiado. Los héroes que nos llevaron a lo más alto en la última década están quemando sus últimos cartuchos. El talento joven viene empujando, pero la falta de minutos en situaciones de alta presión internacional se hizo notar.

Una alarmante falta de fluidez ofensiva, también se ha puesto en evidencia. La falta de poderío ofensivo la ha dado a Venezuela un podre desempeño en cada juego. Anotar se convirtió en una tarea titánica. Sin un creador de juego consistente que rompiera las líneas rivales, la ofensiva se volvió predecible y estancada.

También muestra un desgaste físico de varios jugadores que en años anteriores garantizaban una presión asfixiante un orgullo competitivo inquebrantable, estas características se diluyeron.

La dependencia de un juego ofensivo basado en lanzamientos de tres inefectivos terminó de hundir a Venezuela. Los rivales descubrieron este detalle y cerraron la zona de la pintura para obligar a Venezuela a lanzar desde lejos donde la ineficiencia era “la regla”.

La única victoria del combinado nacional sirvió como un bálsamo temporal, pero evidenció que la brecha física y táctica con las potencias del continente sigue ensanchándose.

La oportunidad de iniciar un recambio

Quedarse fuera de un Mundial siempre es un trago amargo, pero también es una oportunidad de oro para resetear. Este 1-5 debe ser el catalizador para una reestructuración profunda en la Federación y en la liga local.

El baloncesto venezolano tiene talento en sus bases, pero necesita inversión, planes de desarrollo a largo plazo y, sobre todo, la valentía de darle las llaves del equipo a la nueva generación. La era dorada ya nos dio sus alegrías; ahora toca trabajar en el barro para construir la que viene.

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