Situación migratoria de los venezolanos seguirá siendo vulnerable

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Migrantes El Nula
Foto: Radio Fe y Alegría Noticias

Tras los últimos acontecimientos violentos en la frontera del Alto Apure, sumado a la constante discriminación de países receptores, el jesuita, párroco de El Nula, Eduardo Soto, señaló que se viven tiempos convulsionados donde la vulnerabilidad de los venezolanos migrantes se agudiza ante el silencio de los Estados.

“Venezuela no va a reconocer que es un país expulsor de migrantes”, dijo Soto al referirse sobre el silencio que ha tenido el gobierno venezolano ante la muerte del bebé en aguas de Trinidad y Tobago.

En este capítulo mencionó también la deportación masiva de migrantes desde Estados Unidos a Bogotá días atrás. El sacerdote, con experiencia en organizaciones que trabajan con refugiados y migración forzada, indicó que mientras el estado venezolano no solvente la crisis social y económica y no vea la migración como un tema de Estado, la realidad será la misma y hasta pudiera empeorar.

Soto puntualizó que la migración venezolana tiene muchas aristas que van desde el momento de decidir salir del país de la persona o de la familia hasta la rentabilidad que esto sigue generando a las organizaciones delictivas de trata y tráfico de personas que operan en la frontera.

“Las migraciones representan un negocio a los grupos que bajo la ilegalidad incurren en el tráfico y trata de personas, con la permisividad de las Naciones y en muchas ocasiones con la complicidad de familiares que inducen a otros a iniciar la travesía migratoria sin cumplir el mínimo requerimiento legal que exigen los países”, denunció el jesuita.

P. Eduardo Soto, SJ
P. Eduardo Soto, sj, párroco de El Nula/Archivo

El miedo crece en el Alto Apure

El representante de la iglesia católica en la parroquia San Camilo de Lelis aseveró que el temor se sigue apoderando de los pobladores del Alto Apure, especialmente los que viven en su parroquia y en la vecina Rafael Urdaneta del municipio Páez.

A su juicio se está encaminando a una escalada frenética de violencia, afectando la tranquilidad, paz y productividad que normalmente tenían estás zonas.

“Es hora de que los organismos venezolanos no solo hablen de soberanía, sino de derechos fundamentales para la vida de sus habitantes de la frontera; debe haber acercamientos y diálogos entre los actores para bajar los decibeles de miedo y pánico que van creciendo cada día de conflicto”, advirtió el párroco.