Contra la esperanza como arma política

Erik del Bufalo
Foto: Archivo.

Erik del Búfalo es enemigo de la esperanza. Él prefiere la desesperación, que a su juicio no es más que “la certeza de que estamos ante un peligro y que hay que hacer algo”.

“La esperanza”, dice tras citar al filósofo Baruch Spinoza, “es la intermitencia de la alegría, la duda de un futuro mejor, que ha sido administrada por demagogos, tiranos y estafadores a lo largo de toda la historia de la humanidad, justamente para mantener la sumisión, el adoctrinamiento y, a veces, la esclavitud”.

Por creer en esto, ha sido señalado de jugar a la “desesperanza” debido a sus continuas críticas hacia Juan Guaidó, y la oposición en general, a través de su Twitter donde tiene más de 140 mil seguidores y genera cientos de interacciones diarias. Pero esto no es un problema para el profesor de filosofía: “yo siempre he sido de los que ha atacado la idea de la esperanza, y más bien he apuntalado a la idea de la urgencia, la inmediatez”.

“Cuando uno ve niños comiendo basura, no cabe hablar de esperanza, cabe hablar de urgencia. Cuando uno ve ancianos haciendo una cola enorme para cobrar cinco dólares miserables, no cabe hablar de esperanza, cabe hablar de urgencia. Cuando la gente muere por falta de medicamentos, no cabe hablar de esperanza, cabe hablar de urgencia”, expresa.

“Se desgastó el momento”

Precisamente fue la esperanza lo que creció y se instaló en diversos sectores del país que se oponen a Nicolás Maduro, cuando Guaidó, apoyado en una interpretación del artículo 233 de la Constitución, se juramentó como presidente encargado de Venezuela el pasado 23 de enero, siendo reconocido casi de inmediato por decenas de potencias mundiales.

Del Búfalo no vio aquella acción esperanzado. La vio como la certeza de que se abría un “compás de oportunidades” a nivel internacional. Meses después de aquel suceso que mantuvo al país agitado durante semanas, hace un balance de lo ocurrido y responde: “lamentablemente se desgastó el momento. La política tiene momentos y oportunidades y este tiempo está desapareciendo sino es que ya desapareció”.

“Los golpes de teatro, lo del concierto, la entrada de la ayuda humanitaria y luego el amago de golpe de Estado el 30 de abril, fueron oportunidades perdidas”, sostiene. Y luego reflexiona: “uno puede pensar también que Guaidó trabaja para el mismo sistema. Que no está fuera del sistema sino que es parte integral del sistema. No estoy diciendo que es así, pero es una hipótesis que los hechos podrían avalar”.

Guaidó y lo que el país requiere

Sin embargo, Del Búfalo no cree que todo esté perdido para los ciudadanos que piden con urgencia la salida de Maduro, en medio de la compleja emergencia humanitaria que vive el país, “pues (Guaidó) aún es reconocido por la comunidad internacional”.

Aunque, agrega, “estamos en una situación de derrota, para decirlo rápidamente, en la cual debemos esperar plazos de tiempos mucho más largos de los que hubiéramos esperado si las cosas se hubiesen hecho de la manera correcta”.

Con “la manera correcta” se refiere a varios puntos. Del Búfalo cree, por ejemplo, que la posición que debió asumir Guaidó desde un principio era la de una presidente de “unidad nacional”, y para ello debía romper lazos tanto con miembros de su partido, especialmente con Leopoldo López, como con otros actores pertenecientes a Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo y Primero Justicia.

“Mientras lo veo hundido en escándalos de corrupción, no lo siento capaz de, primero, cortar con su mentor Leopoldo y asumir él las riendas. Segundo, cortar con ese G4 (AD, PJ, UNT y VP) que lo rodea y que juega su propia agenda politiquera. Y tercero romper con círculos de poder que evidentemente están en su entorno y que no lo dejan, y no lo van a dejar, asumir el momento histórico que el país requiere”, opina.

Además, cree que Guaidó debe subir la retórica y hacer todas las alianzas posibles para que en Venezuela haya al menos la posibilidad patente de una intervención militar, “porque sin esa posibilidad patente, este ‘régimen’ de malandros no se va a asustar y no lo van a tomar en serio”.

“Él todavía puede hacerlo. Pero creo que ya no queda mucho tiempo”, dice. “Aún creo que hay chance, aunque parezca difícil, de que él sea el hombre del momento y se convierta en un personaje político histórico, como un estadista, y para eso debería asumir una ruta de coraje y cerrar los diálogos que se están haciendo a escondidas”.