«Fe y Alegría es un Movimiento de Dios»

Si hay alguien que no solo conoce sino que vive intensamente lo que es Fe y Alegría es precisamente Antonio Pérez Esclarín, el de la voz recia pero siempre con Una Palabra Oportuna.

Formador de formadores, animador y «constructor» de educadores en toda Venezuela y un poquito más allá, el familiar «Pechín» se emocionó grandemente al intervenir en Radio Fe y Alegría Noticias por los 66 años del Movimiento que él también ha hecho crecer.

De las palabras del educador de maestros casi que toca hacer una transcripción completa porque se corre el riesgo, imperdonable, de no saber plasmar el espíritu y la fuerza propositiva de su verbo. Así que hacemos sus enunciados los nuestros también.

Arrancó, con todos los bríos, diciendo que este cumpleaños le despierta un sentimiento, a pesar de las dificultades, de orgullo, de profundo agradecimiento, de júbilo, de gran alegría, y de robustecer nuestra fe en ese Dios que nos acompaña en los momentos más difíciles.

Remarcó que este 5 de marzo, y los próximos, no es un día de lamentos, de decir qué mal está la situación, sino para fortalecer nuestra resiliencia, nuestro compromiso, nuestro empeño por seguir dando lo mejor por una educación que ayude a reconstruir el país, que siembre prosperidad, que siembre reconciliación, justicia, amor, como es el símbolo de nuestro Corazón.

Para los maestros de Fe y Alegría y de toda Venezuela hay una palabra de honda admiración porque realmente están batiendo el cobre en tiempos tan difíciles como los orígenes de Fe y Alegría. También tener mucha fe en nosotros y en la esperanza. Hay que seguir siendo militante de la esperanza. Por eso la vida, la alegría se impondrán sobre una situación de muerte, de dolor, de angustia.

Felicita a los maestros por su heroísmo. Tenemos que afincarnos a que la profesión del futuro es la del educador. Por eso no es posible progreso sin educación. Y no es posible educación sin educadores. Siempre esperando que la nueva Fe y Alegría surja de las debilidades que se juntan para crear fortalezas.

Una Fe y Alegría permanentemente joven

Es el cumpleaños de una Fe y Alegría capaz de rejuvenecerse. Por ejemplo, este año ha demostrado en los 22 países donde ya está sembrada una capacidad de resiliencia, de enfrentar los problemas con ánimo, con entusiasmo, y es lo que nos lleva a entender que Fe y Alegría es un Movimiento de Dios.

Dios nos invita a través de Fe y Alegría a reconstruir este mundo, a hacer realidad lo que Él soñó: una fraternidad, un hogar para todo el mundo.

Son 66 años de permanente juventud, de empezar a mirar adelante, es refundar Fe y Alegría para que, con las lecciones que hemos aprendido en la pandemia, seamos capaces de gestar esa educación más propia, más pertinente, que sea columna y sostén de un país nuevo, renovado, reconciliado, justo, próspero para todos.

Definitivamente el consenso global es que la educación es la columna central para el progreso, para combatir la violencia, para el desarrollo sustentable y por eso tenemos que afianzarnos en nuestros compromisos, en nuestras raíces y seguir trabajando, construyendo esa educación de calidad necesaria para todos y para todas.

Fe y Alegría no solo nació de la pobreza sino también de la total carencia. Nació sin ningún recurso, es decir, apostó por el corazón generoso del pueblo venezolano. Todo el mundo consideraba que era una obra quijotesca.

¿Cómo pensar en una educación de calidad para los pobres en aquel tiempo donde la educación católica era sinónimo de educación elitesca? ¿Cómo entender que durante los 16 primeros años Fe y Alegría llegó a tener 35 mil alumnos sin haber recibido ni un céntimo del Ministerio de Educación?

No solo nació de la pobreza sino que siempre ha estado al lado de los pobres y por eso ha sido rico porque ha apostado por ese corazón, la generosidad y bondad de nuestro pueblo venezolano que es lo que da esa certeza de que saldremos adelante porque está sembrada Fe y Alegría en lo mejor de nuestra gente.

Ha sido una riqueza no solo de Abraham y su esposa, que durante 7 años tenían que llevar el agua sobre sus cabezas varios kilómetros a donde batían la mezcla, sino también de de las dos primeras maestras, dos muchachitas de 15 años, del barrio, que solo tenían estudios de primaria, que no sabían ni cuándo ni cuánto les iban a pagar.

Esos padres vieron cómo Fe y Alegría extendía sus brazos con una esperanza de renovarse, de echar para adelante, y ese pueblo sigue apoyando porque la riqueza de Fe y Alegría es su gente, nuestra gente del pueblo, gente sencilla, gente que se está batiendo, gente que a veces no les alcanza el salario ni para ir a la escuela y por eso es que a veces se van caminado, es ese pueblo venezolano donde hay grandes recursos morales, de esa gran capacidad de resiliencia, y es lo que nos vuelve en medio de las dificultades, optimistas y esperanzados.

¿Cómo se imagina a Fe y Alegría para los próximos 50 años?

Como una Fe y Alegría siempre garante de los derechos fundamentales del pueblo. Una fe y Alegría sembrada en los países más pobres. Por ejemplo, en la actualidad se ha ido extendiendo mucho a los países africanos, que hace recordar los primeros años de Fe y Alegría en los barrios de Venezuela, con los niños sin zapatos, sentados sobre el suelo.

Y ante este mundo donde todavía hay mucha pobreza, mucha más marginación, Fe y Alegría tiene que ser ese motor de una educación de calidad para todo el mundo. Fe y Alegría tiene que levantar esa bandera de que la educación es un derecho, que no puede ser una mercancía porque muchos quieren hacer de la educación una mercancía donde solo tengan acceso los privilegiados.

Nosotros, enfatiza Pérez Esclarín, tenemos que ser los garantes de ese derecho y por eso sueña en hacer una Fe y Alegría universal, globalizada, con una voz permanente en todas las instancias de poder en nombre de una educación de calidad para todos.

Hoy día cada vez más hay exclusión, hoy día la pandemia está dejando a millones de niños sin escuela, hoy día muchos gobiernos están desatendiendo ante la crisis ocasionada por la pandemia la educación. Y nosotros tenemos que crecer fuertes en ese compromiso de garantizar a todos en el mundo una educación de verdadera calidad y como decía el fundador Vélaz «la educación de los pobres no puede ser una pobre educación». Buscamos una mejor educación para quienes están en una condición peor.

Fe y Alegría es esa fuerza innovadora al lado de nuestra gente más descartada, menos privilegiada, para garantizar que de verdad construyamos un mundo fraternal porque en definitiva somos un medio de llevar a cabo el Proyecto de Dios que quiere que vivamos fraternalmente.

Dios es Padre Nuestro. Luego nos convierte en familia, no puedo volver mi espalda a otro porque piensa distinto a mi, lo tengo que aceptar en su diversidad porque es mi hermano.

Y esta es la educación que tiene que trabajar Fe y Alegría. Una educación verdaderamente humanizadora. Una educación que más que enseñar conocimientos muertos se dedique a formar personas plenas, solidarias, productivas, trabajadoras, comprometidas con el bin público. Eso es construir una ciudadanía, una sociedad que nos posibilite vivir los derechos humanos con dignidad.