Nayibe predica entre Venezuela y Colombia

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Foto: Isaura Ramos.

Nayibe va y viene entre Valencia, Guasdualito y Arauca, Colombia. Tiene cuatro hijos bajo su responsabilidad y, aunque nunca le gustó viajar, hoy en día se gana la vida haciéndolo.

En noviembre de 2019 cumple un año como migrante pendular, como se le denominan a las personas que van a países fronterizos para comprar productos que luego vende en Venezuela. Asegura que ha sido duro, pero la disciplina y el esfuerzo la han llevado a tener una cartera de clientes a quienes les vende ropa deportiva, ropa interior, sábanas, planchas de cabello y todo lo que le encarguen sus clientes. Siempre ofrece facilidades de pago y una gran sonrisa.

Cuando se le pregunta sobre qué la mueve, contesta que su motor es su fe. “No me gusta viajar pero me tocó”, cuenta. “Le doy gracias a Dios porque la cosa esta fuerte en Valencia: los niños desnutridos, la gente comiendo de la basura”.

A lo largo de un año en el vaivén entre Venezuela y Colombia ha conocido la solidaridad, pero también ha experimentado el hambre, los abusos y hasta le tocó vender su cabello para mantenerse durante unos días difíciles.

Nayibe al ser cristiana aprovecha cada oportunidad para aconsejar a los migrantes que conoce en sus viajes: les habla de su experiencia y les anima a trabajar con dignidad lejos de otras formas de ganar dinero como la prostitución.  

“He visto como humillan a las venezolanas. Le pido a Dios sabiduría porque los hombres colombianos se equivocan y te ofrecen mucho dinero; yo los dejo que hablen después hablo yo y les predico”, relata Nayibe a quien le duele ver a mujeres venezolanas vendiendo su cuerpo en Arauca.

“Me gusta orientar a las mujeres. En el bus venían varias mujeres y una de ellas venía con su niña pequeña; iba a vender su cuerpo y traté de orientarla”, cuenta. “Pero es por la situación: porque no tienen que darle de comer a sus hijos. Y yo digo, ¿Dios mío cuando se terminar esto?”